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Suspensión de licitación y el cinismo en torno a los casinos
La suspensión de la licitación del casino Enjoy de Viña del Mar encendió de inmediato la preocupación de las autoridades por una razón muy simple: el dinero. Cuando peligra la recaudación municipal, aparecen las alarmas, las declaraciones y los lamentos. Pero cuando se trata de fiscalizar seriamente cómo funcionan estos recintos y a quiénes exprimen para generar esas ganancias, el silencio es casi absoluto.
Da la impresión de que para muchas autoridades el problema no es el casino, sino la eventual merma en la caja. Poco importa si estos establecimientos cumplen o no con las normas que los obligan a devolver una proporción razonable en premios. Poco importa si el sistema está diseñado para que el jugador pierda de manera constante y perfectamente monitoreada. Poco importa, en definitiva, lo que ocurra con las personas, mientras el flujo de dinero hacia el municipio siga intacto.
Quienes conocemos este ambiente desde hace años sabemos que aquí no hay solo azar ni entretención. Hay vigilancia, registro, seguimiento y explotación de la debilidad humana como modelo de negocio. La exigencia de identificarse con cédula y de jugar mediante tarjetas del propio casino no responde precisamente a una preocupación filantrópica por el cliente. Responde a la necesidad de saber quién juega, cuánto pierde, con qué frecuencia vuelve y hasta dónde se le puede seguir estrujando.
Por eso resulta irritante ver a las autoridades inquietas por los impuestos, pero indiferentes ante el deterioro humano que este negocio produce. A la hora de cobrar, el jugador importa. A la hora de protegerlo, desaparece. Si de verdad existiera interés público, hace rato se habría exigido fiscalización estricta, transparencia total de los mecanismos de retorno y control efectivo sobre prácticas que hoy parecen más propias de una cacería tecnificada que de un juego de azar regulado.
Mientras eso no ocurra, seguirá quedando la sospecha de que a muchos les preocupa más el dinero que cae en la caja municipal que la suerte de quienes lo pierden todo al otro lado de la máquina.
Daniel Zapata Zapata
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Perturbando el orden social
Las recientes evacuaciones que obligaron a la ministra Ximena Lincolao a interrumpir su conferencia sobre Inteligencia Artificial, a familias a abandonar el zoológico y a funcionarios del edificio de justicia, son el síntoma de un fenómeno alarmante: amenazas que perturban el orden social, motivadas generalmente por un profundo desprecio a la especie humana y a sus capacidades de progreso.
Aquel que presuntamente hizo instalación de esa bomba deseaba, según sus propias palabras, "ver el miedo en los ojos de la gente" y perpetrar un atentado que se convirtiera en el "top número 1 de Wikipedia". Afortunadamente, el hecho se limitó a amenazas. Sin embargo, no se debe subestimar su impacto, ya que si bien prescinde de la ejecución física para centrarse en la desestabilización psicológica de la cotidianidad. El objetivo ya no es solo la destrucción material, sino el quiebre de la normalidad institucional y la parálisis de la vida democrática a través del miedo. Cabe señalar que este tipo de conductas de calibre terrorista buscan perpetrar daño a los demás por una "buena causa" que solo ellos conocen, desdeñando la dignidad intrínseca de las personas y reduciéndolas a ser meros objetos de utilización para su narcisismo criminal.
Cynthia Campos Gómez
Fundación para el progreso
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