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El Melón y su sueño por ser comuna para no desaparecer
En El Melón, la idea de convertirse en comuna no es un capricho reciente ni una consigna improvisada. Es un anhelo que atraviesa generaciones, un sentimiento que se ha transmitido de padres a hijos y que hoy vuelve a tomar fuerza de la mano de vecinos y vecinas que sienten que su identidad territorial se diluye en medio de decisiones que -según expresan- no siempre consideran sus necesidades más urgentes. Para muchos meloninos, la aspiración de autonomía es, ante todo, una forma de no desaparecer.
Ese sentimiento fue el que dio origen al movimiento "El Melón Comuna", impulsado por pobladores que, desde su propia experiencia cotidiana, perciben una diferencia profunda entre la realidad de Nogales y la del pueblo melonino. Una diferencia que no es solo geográfica, sino también histórica, social y emocional. Mientras Nogales crece como capital comunal, El Melón -dicen sus dirigentes- ha debido enfrentar por años una sensación de postergación que se ha vuelto más evidente en el último tiempo.
POCAS OPORTUNIDADES
Sergio Iturrieta, presidente de la Cooperativa El Melón Comuna, lo explica desde la experiencia cotidiana del pueblo:"Somos la última comunidad que existe en la provincia de Quillota. Lo que cuesta a un melonino ir a estudiar a Valparaíso… nos cuesta 5.000 pesos el pasaje por día. Ahí no hay igualdad para los jóvenes. No todos tienen 5.000 pesos diarios para ir a estudiar. No estamos en igualdad de oportunidades."
Para él, la desigualdad territorial no es un concepto abstracto, sino una realidad que condiciona el futuro de los jóvenes y el desarrollo del pueblo."Podemos ser igual de inteligentes, pero si la familia no se endeuda, no se sacrifica, el melonino no puede estudiar. Esa desigualdad nos ha calado mucho".
Además, la migración de los jóvenes hacia otras zonas, preocupa, porque casi todos se van.
ABANDONO
A esa brecha se suma la percepción de abandono en materia de inversión y desarrollo local. Iturrieta señala que, pese a la presencia de grandes actividades productivas en la zona, los beneficios no se reflejan en el territorio. "Aquí en el mismo pueblo de Melón hay más APR, y ninguna tiene el problema que tiene la Municipalidad. Y la mayoría de la gente trabaja afuera: en minería, en Calera, en el mall. Pero que El Soldado otorgue trabajo en Melón… muy poco. Si El Soldado está creciendo, Melón también debe crecer. Necesita por lo menos una compensación."
El dirigente también apunta a la falta de impulso económico local:"Ninguno de los alcaldes ha dicho 'vengan a invertir al Melón'. Creemos que las pymes que existen deben crecer junto a la mina. Pero acá no. No tenemos ni siquiera un restaurante en el pueblo. ¿Cómo hacemos que la gente invierta en Melón?".
UN CAMINO LARGO
Desde el municipio, la alcaldesa de Nogales, Leslie Pacheco, reconoce la legitimidad del sentimiento melonino, pero también llama a la responsabilidad informativa."Entiendo y respeto que exista un anhelo de larga data por parte de la comunidad de El Melón. Estas aspiraciones siempre merecen ser escuchadas".
Sin embargo, advierte que el camino es complejo: "Para postular a ser comuna se deben cumplir requisitos y enfrentar un trabajo administrativo, técnico y político. En Chile hay sectores como Maitencillo o Reñaca que llevan mucho tiempo en ese camino".
No obstante, a diferencia de los dos tradicionales balnearios del litoral, económicamente cuentan con un comercio robusto y, en el caso de Reñaca, un sector económico más robusto.
La concejal María Bahamondes, vecina del sector, coincide en que el movimiento nace desde una necesidad profunda:"Se trata de un movimiento que surge a partir de una profunda sensación de abandono y de la postergación histórica que ha vivido el pueblo de El Melón. Este movimiento nace de la propia comunidad, de personas que no están vinculadas a la política y cuyo único objetivo es mejorar la calidad de vida."
Pese a las diferencias de enfoque, todos coinciden en algo: El Melón es un territorio con identidad propia, con historia, con patrimonio y con una comunidad que se resiste a ser solo un sector más. Para sus habitantes, convertirse en comuna no es solo un trámite administrativo, sino una forma de asegurar que su pueblo siga existiendo con voz propia, con oportunidades reales y con un futuro que no dependa de decisiones tomadas lejos de su realidad. J
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el melón fue comuna hasta 1924
A comienzos del siglo XX, El Melón sí alcanzó a constituirse como comuna, pero su autonomía duró poco: en 1924 dejó de existir administrativamente tras una reorganización territorial impulsada por el Estado, que buscaba reducir costos y concentrar la administración local en cabeceras comunales más grandes. Ese mismo proceso afectó a otros territorios del país, entre ellos Artificio, que también perdió su condición comunal y pasó a depender de La Calera. En ambos casos, la supresión respondió a criterios centralistas de la época -población, recaudación fiscal y capacidad administrativa- que terminaron integrando a estos pueblos en comunas vecinas.