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Casa López: ayer y hoy de un lugar emblemático
Recuerdos, amistades, entretención, cultura... son conceptos que rápidamente asoman en la mente de los cabildanos que sentados en alguno de los escaños que circundan la Plaza de Armas elevan su mirada hasta la célebre Casa López. Una antigua casona que se levantó en 1904 junto al nacimiento del siglo pasado y que, tras haber tenido una larga metamorfosis, ahora aguarda con las puertas cerradas su anunciado destino como centro cultural.
Entre los cabildanos que siendo adolescentes alguna vez fueron asiduos jugadores de las ochenteras máquinas de flipper que se ubicaron hasta fines de los noventa en la parte baja de la vivienda, que pertenecía a la confitería "Rubio", pocos saben el real origen de la construcción. Pero, quien sí conoce al revés y al derecho la historia del lugar es el joven gestor cultural y estudioso de la historia local, Octavio Fernández.
Sus primeros años de pubertad conoció la Casa López centro de la entretención de los gamers en y post dictadura, y ahora, es testigo de la otra cara del lugar como espacio reservado a la cultura local. "Era una pareja de profesores que tenía los juegos; el señor Javier Rivas y la señora Clyda Riquelme, muy gentiles ellos (...) allí se respiraba un aire especial de amistad", recuerda Fernández.
Templo que no fue
Bordea los treinta años, pero Octavio siente una admiración especial por el patrimonio y la historia de su tierra cabildana, por eso durante años ha realizado una exhaustiva recopilación de relatos de la comuna. En este trabajo, Casa López ha tenido un lugar central y que queda en evidencia cuando relata que para consignar de manera correcta el pasado de la construcción que domina la intersección de avenida Humeres y Zoila Gac, se ha reunido con amistades y antiguos moradores de la vivienda.
Fruto de esa minuciosa labor, el gestor cultural revela que en primera instancia, la casa fue concebida para albergar un templo evangélico. Con este antecedente se explica el por qué de las amplias habitaciones, que se mantienen con sus características originales hasta la actualidad. "Fue el arquitecto David López que la hizo (...) pero al final no se ocupó como templo evangélico, porque apenas la terminó la vendió a don José Aniceto Tapia y su esposa Ana Inés Araya, que venían de Illapel", comenta.
Años más tarde, entre las décadas del treinta y del cuarenta, el primer piso de la vivienda fue arrendado al Estado para instalar la oficina de Correos y Telégrafos. En algunos períodos de tiempo, aproximadamente hasta los setenta, funcionó también como depósito de licores, lidiando con los estragos que causó el terremoto de 1971 en su segundo nivel, dejándolo con serios daños y prácticamente intransitable.
¿Y el centro cultural?
Tras la desaparición de la confitería "Rubio", la casona quedó abandonada. Fue víctima del paso del tiempo y de rayados que repletaron su frontis, hasta que tras casi diez años el municipio de Cabildo la adquirió. Luego, la idea fue crear un centro cultural; proyecto de recuperación y mejoramiento que se anunció en primera instancia el 2014, pero que aún no es ejecutado.